Sentirse viejo, sentirse joven

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Conozco gente llena de años con una gran vitalidad y al mismo tiempo he visto personas muy jóvenes que, a pesar de su piel tersa, mantienen arrugada el alma y actúan como viejos decrépitos.

Alguien una vez me dijo: “Usted es tan viejo como usted crea que lo es”. Me impactó tanto esa frase que jamás volví a preocuparme por la edad. ¡Conste que ya tengo 51!

Hoy recuerdo ese consejo porque un amigo me dijo que se estaba enfrentando a una ‘terrible crisis de edad’ que jamás imaginó afrontar.

Él acaba de cumplir medio siglo de vida y le aterra pensar que, dentro de poco, será un viejo.

Aunque él me cuenta que se siente con bastantes ganas de continuar con su cotidianidad, el ‘terror’ de ser veterano lo tiene cavilando.

No sé cuántos años tenga usted, amigo lector, pero considero que a través de este texto podría darle algunos consejos para enfrentar su primer siglo de vida. Esta reflexión también es válida si, más allá de los calendarios que tenga, padece alguna crisis con su edad.

Tenemos una falsa creencia de que todo lo significativo que podamos lograr en la vida solo lo haremos cuando estamos jóvenes. Esa es como una regla que nos quieren meter por los ojos y donde quieren ‘satanizar’ los años, como si eso nos hiciera menos productivos o con menos capacidades para lograr muchas cosas.

El hecho de que la sociedad nos trate así a los que somos veteranos, no quiere decir que no podamos hacer extraordinarias cosas.

Al romper las reglas nos sorprendemos con cosas que jamás nos hubiéramos imaginado.

Se me irían las horas y necesitaría páginas enteras para enunciarle los casos de personas que encontraron su verdadera vocación y su mayor éxito después de los 40. ¡Las limitaciones y miedos solo están en la mente!

Si tiene miedo de entrar a la ‘segunda’ o a la ‘tercera edad’, debe entender antes que nada que eso no lo podemos evitar.

Pero usted decide si quiere vivir sus próximos años feliz o lleno de tristeza. Sin lugar a dudas creo que la primera es la mejor opción, y usted sabe que tiene en sus manos la decisión de vivir lo mejor que pueda durante las últimas décadas de su existencia.

Le planteo la siguiente pregunta: ¿Qué haría hoy si supiera que mañana va a morir?

Aunque suene trillado decirlo, se nos olvida constantemente que la vida es prestada y que aquí estamos de paso.

¡Sigamos con los interrogantes!

¿No cree que es la oportunidad perfecta para hacer todo aquello que en su juventud dejó de lado? ¿No quisiera darse la oportunidad de empezar a vivir una vida diferente?

Si vive cada día como si fuera el último, se maravillará de todo lo que la vida tiene para ofrecerle.

El secreto está en dejar de tener miedo y aprender a mirarse sin tapujos, con sus fortalezas y debilidades. Eso le evitará decepciones y empezará a tener una mejor relación con usted mismo.

No olvide que la madurez no viene con la edad, sino con la capacidad que tenemos de conocernos y de aceptarnos como somos.

Ahora bien, tenga presente que se envejece tal y como se ha vivido. No pretenda tener una lozanía si carga con una interminable lista de vicios, de malos hábitos y de acciones que lo fueron llevando de manera vertiginosa a la decrepitud.

¡Claro está que el envejecimiento no tiene por qué ser una época peor de la vida! Haga deporte, aliméntese bien, esté atento a su salud, cultive su espiritualidad y, pase lo que pase, sea una buena persona.

¡Un abrazo y diviértase que estamos en nuestros mejores años! Al menos eso pienso yo.

Testimonio:

“Estoy en un dilema porque me salió un ascenso en mi empresa en otra parte de Bucaramanga; es en Mocoa. Para aceptarlo me tocaría alejarme de mi esposa y de mis dos tiernos hijos. No hay ni el menor chance de irme con ellos, por razones de lejanía. Estoy angustiado porque no sé si al irme perjudicaré mi hogar. Mi esposa me alienta a aceptar el cargo, pero sé que me lo dice solo porque tendré una mejor remuneración. ¿Usted qué haría?”.

Respuesta:

No hay nada más básico en una relación que la confianza, la honestidad y la comunicación. Sin estas tres no hay nada que perdure mil años ni que pueda sobrevivir mucho tiempo.

Lo primero que debe preguntarse, antes que nada, es qué es lo que usted realmente quiere para su vida: ese ascenso laboral o estar cerca de su familia.

Por más crudo que suene, en muchas ocasiones no sabemos tomar decisiones porque ponemos otros elementos por encima de lo que realmente queremos hacer con nuestro futuro, y eso solo se consulta hablando de frente a frente con nuestro propio yo.

Si lo más importante para usted en este momento es su crecimiento laboral y profesional, no dude en dar el paso.

Si su esposa lo apoya puede estar tranquilo, sin embargo hable con ella y pregúntele sí eso es lo que ella realmente quiere, para que no haya malos entendidos. Lleguen a un acuerdo y tírense al ruedo.

Lo importante es que se dé cuenta que nunca va a saber si es una buena decisión o no antes de tomarla porque cualquier cosa puede suceder; así que en lo que debe enfocarse es en estar seguro de que eso es lo que realmente quiere para su vida. Eso es lo único determinante, porque si lo está dudando quiere decir que no está del todo preparado.

Lo de la lejanía lo pueden solucionar si usted viaja al menos una o dos veces al mes, y si usted no puede viajar pues que ellos vengan a visitarlo. Tampoco está mal que su esposa lo visite sola de vez en cuando para que no descuiden su relación de pareja.

Si por otro lado se da cuenta de que su familia es lo más importante, debe replantearse cuáles serán sus prioridades profesionales. Esto se traduce en buscar un empleo que lo mantenga cerca de su familia, donde pueda estar al tanto de su esposa y de sus hijos todos los días. Lo indispensable es que la decisión que tome le dé la mayor satisfacción posible, puesto que ninguna de las dos le brindará felicidad al 100%. Toda decisión conlleva a una responsabilidad y solo nosotros sabemos qué tan dispuestos estamos de asumirla.

Esto es importante porque pocas veces nos tomamos el tiempo de analizar a profundidad qué repercusión tiene en nuestra vida ‘X’ o ‘Y’ decisión.

Con lo anterior le quiero decir que debe determinar prioridades para comparar y saber qué camino lo hará sentirse más pleno con usted mismo, y con “más” me refiero a que todo tiene sus cosas positivas como negativas; así que ahí es donde hay que identificar qué es prioridad y que no en su vida.

¡Ánimo que cualquier decisión que tome está bien, siempre y cuando usted considere que es lo mejor para usted, no lo pensando en los demás”.

Consejo final: Prohibido quejarse o arrepentirse después de tomar la decisión si no salió como quería, recuerde que todo lo que pase a su al rededor es aprendizaje y crecimiento. ¡Todo es ganancia!

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